Ayer soñe. No fue cualquier sueño, fue uno de esos. En esos sueños mis sensaciones son tan vívidas que me despierto sobresaltado, con una puntada en el pecho y muchas veces la tristeza se apodera de mí al saber que en mi día no voy a tener esas sensaciones.
En mi sueño fui amante, fui gato, fui presa y fui cazador. En mi sueño me encontré con lo que siempre quise sentir, con lo que sé que puede haber pero no hay.
Cuando trato de atrapar mi sueño, se me escapa y solo dos o tres momentos quedan vívidos, son los momentos en que la intensidad de las sensaciones estaba en su pico, sea porque estaba apoyado en el pecho de mi amada, o porque muy a pesar de mi esfuerzo no lograba escapar a la soledad que se presentaba tan cercana.
En mi sueño decía las palabras justas en el momento justo. Si me hacían una pregunta sabía como responder, aunque no supiera la respuesta. La sinceridad se clavaba en mis palabras al salir de mi boca y la liberación que sentía en el pecho dejaba un frío refrescante que estaba contenido por la risa que me acunaba, dando una calma que nadie puede dar.
Corría por habitaciones con una habilidad sorprendente, eran blancas, en penunbras, todas terminaban en dos o tres puertas que daban a una habitación distinta pero con las mismas características. Detrás de mí las voces de quienes me seguían, no eran acosadoras ni preocupantes, solo que escucharlas era la evidencia suficiente para saber su cercanía, y así salía a la búsqueda de las siguiente habitación que me alejara un poco. Las paredes blancas, las arcadas rematadas en madera como las casas inglesas, el pasillo con puertas iluminado apenas, rematado en mesas con flores y debajo de algún cuadro o espejo.
En el mismo sueño atesoraba lo que había sucedido hace instantes en distantes universos oníricos, que aquella mujer me preguntara, yo darle mi respuesta y encontrar el amor en un abrazo mientras apoyaba mi cabeza en su pecho y sentía sus brazos rodeándome sutilmente para contenerme sin atarme.
Me desperté con mi sueño todavía fresco, todavía batiendo en mi pecho. La ventana dejaba ver el sol y los edificios, pero nada más.
Ojalá vuelva a tener mi sueño.
Juana y Simone en una libreria de Montevideo.
Hace 1 semana

