Siempre tomo un hecho que me dispara algo y escribo. A veces ni siquiera ese hecho está incluído. Otras lo transformo en otra cosa que solo mi imaginación sabe que es.
Esta vez no.
Estaba cortando unas verduras para cocinar la cena. En la cocina estaba escuchando la radio y Mariana me avisó que el almacén estaría por cerrar. Me demoré unos minutos más y salí, casi salgo con el delantal puesto, pero me dejé las sandalias. Afuera hacía más calor que en el edificio, salí sin abrigo, solo un pantalón y una remera y fue lindo encontrar esa sensación después del frío.
En el almacén estaba la policía, un patrullero en la puerta con un oficial y el otro de brazos cruzados dentro del negocio, cerca de la caja. Pensé que habría una denuncia o algo por el estilo, las caras de los pobres que hacían la cola era lapidaria. Todos miraban de reojo al policía y estaban asustados con su presencia. La culpa de no ser nadie y estar delante de otro nadie con un mejor disfraz. Al rato que tomé las aguas y algún postre la policía se había perdido y solo quedaba en la caja el resto de un ser humano, que estaría en sus cuarentas pero tenía la movilidad de un anciano y en su rostro se notaba la perplejidad que le causaba cualquier pensamiento. Imposible saber que lo dejó así. Tomé la billetera y pagué las cosas, guardé la plata hecha un bollo en el bolsillo.
El almacén está a la vuelta de la esquina, no es ni una cuadra de distancia de la puerta de casa. Solo hay que doblar unos metros la esquina. Por esa esquina, enfilaban marchando, cuatro señoritos desgraciados por la vida (mentira), desgraciados por... no sé. ¿La sociedad? ¿El sistema? ¿El capitalismo? ¿sus padres?
Uno de ellos se desprendió de la hilera y tuve el mal tino de devolver el contacto, tan solo unas monedas, tomé las que tenía en el bolsillo, que serían como dos pesos, y seguí mi marcha, él conmigo.
Aquí me dí cuenta de un error mío, yo sabía que ya estaba robado. Que no había de forma de seguir caminando y zafarla, la única era quedarse ahí en el molde, frente al restorán caro, no a la vuelta con todo cerrado. Que la idea era de última volver al local, eran solo 10 metros y estaba el sereno del estacionamiento. Todo eso llegué a alcanzar a pensar, cuando me dí cuenta que ya había sido robado. ¿Mi culpa? ¿Fue mi culpa entonces que me robaran? Yo sabía jugar esa partida, también sabía que no tenía que ir con la billetera al almacén pero lo hice, también sabía que mejor hacerse el boludo un rato en la puerta del almacén hasta que todo pase, también sabía que yo soy yo y que no hago nada de eso, que solo lo pienso. Entonces en la esquina que para dónde va el bondi y que si podía tomarlo en esta o la otra esquina, y yo lo miraba sabiendome robado y no entendía porque el circo no empezaba. Había un colectivo en la esquina parado y la gente miraba, si alguno se apiola, baja la monada y mete un apuro, o ni siquiera eso, empieza el griterío y aguja brava sale suspirando. Entonces se fue el colectivo y la soledad de la calle. El comentario era que se había comido un garrón con la cana ahí cerca, que había habido corchazos y después se fueron. Claro, la referencia a los tiros era para que yo entendiera sin más que tenía un arma, eso había quedado claro, pero me hice el boludo. Entonces que dame guita o te agujereo, no grités, no corras y la mano contínuamente a una cintura que mi mente sabía vacía, pero la estadística me devolvía llena. Yo seguía caminando, con las bolsas llenas de agua en una mano y la otra libre, pensando en llegar a casa... ¿y entonces? ¿que se meta conmigo? ¿qué hacía? no había nada para hacer, solo darle la plata, era eso lo único que importaba, una vez eso, chau. Entonces entendí y saqué la billetera, la abrí ampulosamente para que vea que no me guardaba nada y saqué los 200 papeletes pelotudetes que guardo siempre, y entre ellos algún billete. Había 140 pesos o algo así, cincuenta metros de amenazas, una partida bien jugada.
La plata no me importó, pero los papeles tienen datos, tienen números, fechas, horarios, lugares. Un papel es una extracción abajo de mi casa. Otro papel es la boleta del quini en la lotería de la esquina. Otro papel, la extracción de un dinero que ni siquiera es mío, ni mucho. ¿Por qué le dí los papeles? Otra vez la culpa, toda, toda toda toda para mí.
Ahora pensar que me vió entrar al edificio, todavía recuerdo su cara buscando entre los papeles. No soltaba ninguno, los investigaba. Ahora me siento culpable de haber hecho eso y siento que puse en juego toda mi seguridad por no pensar. Otra vez mi culpa.
Cuando iba subiendo por el ascensor no podía parar de juntar esa energía que fluía. Crecía en mi interior y cuando llegué a mi casa Mariana me sintió y me preguntó enseguida que pasaba. Exteriorizarlo lo empeoró, me re calenté y solo pensar que le había dado papeles con cosas, datos, fechas, tal vez direcciones. Mi bronca me hizo golpear con fuerza la puerta de la cocina, todavía tengo doloridos mis nudillos. Solo logré poner nerviosa a mi familia, toda esa violencia, que claramente no era para ellos, les llegó como una onda expansiva que los envolvía. Los sentí alterarse, los ví verme con unos ojos con los que no me ven nunca, los ojos con los que miran a lo que temen, a lo que les llena de pavor. Que me vean con esos ojos se me clavó en el alma, mi hijo dado vuelta asustado y tanto que ni siquiera parecía respirar, solo me miraba. Mariana se largó a llorar y supe que lo empeoré todo. Una vez más, la culpa.
Continue cocinando, intentando dejarlo atrás, pero solo pensaba que si esa persona quería, podría volver a robarme doscientas veces más, en pleno día, incluso con la policía delante. Y Mariana dijo que este barrio no le gustaba y entonces sentí como ahora yo había elegido mal la casa para vivir. Otra vez era mi culpa.
Mientras esperaba una cocción traté de distraerme con la tele, estaban pasando los 500 programas de CQC, justamente repasaban una nota donde un notero se disfrazó de un cerdito de derecha y ayudaba a los entrevistados a que den rienda suelta a sus verdades. Entonces una señora dijo que le parecía bien que a un ladrón lo picaneen un poco en las comisarías. ¿Yo quería que le hagan una picana al tipo que me robó? No, quiero que se la hagan a otros, a los que se afanan todo y nos meten cada vez más en la mierda. Después no quería que le hicieran una picana a nadie, invento de mierda.
Yo quería hacer algo, necesitaba hacer algo, no podía quedarme sin respuesta, no podía quedarme en mi casa mirando el techo, necesitaba algo, necesitaba bajar cruzarmelo al tipo y humillarlo, después no quería humillarlo, quería decirle que me robó lo que me cuesta, que alteró todo mi hogar, que me cagó una noche de mi vida y pensé que por cada pelotudez mía que tenía para decirle el tendría cien, pero igual no me servía. Pensaba en despertarme temprano y dedicarme a leer, a hacer yoga, a tomar un mate mirando por la ventana y asumir que mi vida iba a ser así y que no había nada para hacer, ni acá ni en ningún lugar. Necesitaba hacer algo. Llamé a la policía, otra vez, la culpa es mía.
Mientras hacía la denuncia y describía al tipo pensaba que ahora unos cobanis iban a subirse al auto, muy posiblemente serían los mismos que estaban antes por ahí, que encontrarían a los pibes y después de una buena murra le secarían los bolsillos. O sea que ahora es probable que mi plata esté en el bolsillo de un cana del orto y que esos pibes sigan en la suya, porque no hay otra salida.
Comí, tome dos tragos del vino, se me cerró el pecho y la pulmonía no me deja ni siquiera fumarme el pucho de la bronca, ese que fumo para que me pegue fuerte, como un cachetazo al cerebro y me calme.
Fidel seguía despierto, muy atento y de buen humor. Estaba cansadito y lo fui a acostar, mientras se apoyaba en mi hombro pensaba que podía dejarle éste infeliz a ese niño, que podría enseñarle, que puñado de mentiras le iba a transmitir y rotular como 'valores'. Una vez más, hay algo roto y yo no puedo arreglarlo.
Lloré un poco en silencio por no encontrar ni siquiera la entrada al laberinto, los hombros pequeños y dulces de Fidel me reconfortaban y sentía que era él el que me abrazaba y me contenía.
Ése fue el robo.